La hebra en la tela

Flavio Hugo Ruvalcaba Márquez es mexicano y Doctor en Derecho. Ha cultivado los géneros de novela, cuento, ensayo, poesía y crónica cultural. Es autor de las novelas El descanso del cambio, Las alas del árbol y La purísima desnudación de las notadas. La crónica cultural se ha reunido en la obra La lupa de Dalí. Su tesis doctoral se denomina Los dogmas y tabúes como fuentes del Derecho. Ha publicado poesía bajo el título La hebra en la tela. flamarel-8@hotmail.com

Monday, September 11, 2006

NO NECESITO TANTO

Para vivir no necesito tanto. De lo que poseo son muchas las cosas que me sobran. El exceso de previsión y la fortuna han hecho de mi vida una bodega: catorce trajes en el perchero y cinco pares de zapatos, una casa para barrer todos los días y pagar como pueda el recibo de luz, un auto que tira aceite como bendiciones un fraile dominico, y una bicicleta que rechina como un catre. Para vivir no necesito tanto. Siendo sincero, hablando en plata limpia, para vivir me bastan pocas cosas: mis hijos, donde quiera que estén, a todas horas, saludables y felices, un plato de arroz por las mañanas, una mujer que aparte pesadillas y me ame lo más lejos posible y a quien yo ame lo más fuerte posible, y esta tinta corriendo en mi cerebro. Para vivir no necesito tanto. Si aun con todo eso acaso pudiera sentir algún vacío, me bastaría el rosicler desde la carretera cada dos o veintitantos meses, y detenerme un rato donde huela a café. Me bastaría la pira funeraria del Cerro del Muerto en los agrestes colores de la tarde. Me bastaría el Sol a mediodía y el mar de vez en cuando, no tan seguido, cuando la calma y la soledad le dan un parecido a los abuelos. Me bastaría la conversación de mis amigos de vez en cuando, mientras puedan reír y contar chistes y no sean tan indigestos. Me bastaría un mail como una llovizna de alguien que me sorprenda y a quien yo también quiera recordar con otro mail otra llovizna. Para vivir no necesito tanto. Y si todo lo anterior fuera imposible por alguna razón médica o física me bastaría, sé que me bastaría, esperar los andrajos de mi turno como se espera la llegada de las lluvias sentado en la banqueta, pues en ese momento, en ese instante de precisión, estaría de vuelta en otros ojos y en otro entendimiento o en uno y todos juntos, es lo mismo, y empezaría de nuevo todo aquí en la Tierra. Para vivir no necesito tanto. *