La hebra en la tela

Flavio Hugo Ruvalcaba Márquez es mexicano y Doctor en Derecho. Ha cultivado los géneros de novela, cuento, ensayo, poesía y crónica cultural. Es autor de las novelas El descanso del cambio, Las alas del árbol y La purísima desnudación de las notadas. La crónica cultural se ha reunido en la obra La lupa de Dalí. Su tesis doctoral se denomina Los dogmas y tabúes como fuentes del Derecho. Ha publicado poesía bajo el título La hebra en la tela. flamarel-8@hotmail.com

Monday, January 14, 2008

ABRAZO O LA NOCHE ESTÁ SOLA


Tal vez hoy puedas devolverme aquel favor,
¿te acuerdas, amiga memoriosa,
cuando estaba lloviendo
y te sirvió mi abrazo y mi sombrilla?
No fue ningún favor pero así lo pensaste
y no es de caballeros contradecir.
Simplemente fui el hombre circunstancial
que te ayudó a cruzar la calle
una noche difícil, cenagosa.
Hoy, que llueve a cántaros,
puedes hacer algo por mí, amiga mía,
es muy sencillo:
sólo tienes que devolverme aquel abrazo.
Lo haremos de tal modo
que no sea mayor molestia
y no te quite demasiado tiempo
ni dejes de pensar en tus pendientes.
Lo describiré para que todo sea
tal como está previsto
y no vayas a decirte sorprendida:
al lugar que tú escojas
arribaré con anticipación;
tan pronto escuche el toc toc de tus tacones
abriré la puerta y sin decir palabra
mi mano derecha irá a tu espalda
y la izquierda atrapará tu cintura,
y al sentir que tus brazos me responden
yo, que soy el hombre que alguna vez

en lo más diluvioso de una noche
abrazaste y te abrazó,
reflexionaré que una mujer y un hombre
son seres diferentes,
muy diferentes en anatomía,
y esta verdad sin huesos hará volverme loco,
perderé la bondad, el equilibrio, la decencia,
me hundiré en una ponzoña articulada
y olvidaré mi nombre, el rostro de mis padres,
tu correo electrónico, mi dirección,
las tablas de multiplicar
y el símbolo químico del oxígeno;
apretaré tu cintura a mi pretina,
tu espalda a la respiración
para que no distingas mis pulmones de tus senos,
las areolas de los botones,
el bien del sur,
el norte del mal,
los confundas
y sientas como piedras los cartílagos,
oigas mi pulso cabalgar tus canillas
palpes mi sofocación en tu holograma
paladees el siglo XV con las manos
y yo me ruborice en tus mejillas
cierre mis párpados en la convocación
a tus demonios
y empiece a trasudar un musgo ciego
en tus retoños recientemente blandos
y a sacudir un río
y a hundirme en tus navajas
y a desollarte con un tigre sorprendido
hasta prender palmo a palmo en la escampada
los imperios procaces de mi nerviosa hombría
balbuceando incoherencias y aliteraciones
ante el cárcamo olímpico del clítoris.
¿Recuerdas aquella noche?
¿Recuerdas que dejó de llover
y no nos dimos cuenta?
Hoy puedo devolverte, memoriosa mía,
si me lo permites,
el favor.
Tú dices dónde.
Yo ya te dije el cómo.
Pero dímelo ya, amiga memoriosa,
porque la lluvia arrecia
y estoy temblando a mares, sudo sapos,
olvidé la sombrilla
y la noche está sola en este infierno de agua.


*

Friday, January 11, 2008

AÑO 3028 O LAS CIUDADELAS GEOGIRATORIAS

(Plaza Manuel Tolsá, en cuyo centro se encuentra la estatua de El Caballito, obra de este destacado arquitecto y escultor. A la derecha se observa la fachada del antiguo palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, actualmente Museo Nacional de Arte, y a la izquierda los palacios de Correos y de Minería, este último obra del propio Manuel Tolsá)
(Estatua ecuestre de Carlos IV de Borbón, Rey de España e Indias, mandada hacer por el virrey Miguel de la Grúa Talamanca, Marqués de Branciforte, quien gobernó la Nueva España de 1794 a 1798. Fue inaugurada en la Plaza Mayor el 9 de diciembre de 1803, en celebración del cumpleaños de la reina María Luisa de Parma. Es popularmente conocida como El Caballito. En 1823 fue trasladada al patio central de la entonces Pontificia y Nacional Universidad de México; en 1852 ocupó el centro de la glorieta que existía en las confluencias de Paseo de la Reforma, Juárez y Bucareli; finalmente, en 1979 se colocó en su actual sitio. México la conserva como una obra de arte) Alguna vez, en un libro de Historia, leí que los humanos de la antigüedad debían permanecer viviendo en un lugar fijo de la Tierra. Había fronteras a cada paso y múltiples gobiernos que a sí mismos se asumían soberanos, un dogma irracional y peligroso. No entiendo cómo pudieron sobrevivir en esas condiciones precarias, o por lo menos ser medianamente felices. Nadie en este tiempo (que esté en sus cabales) podría vivir satisfecho en un mundo dividido, bajo el gobierno débil e insuficiente de estados fragmentarios, ¿cómo podría satisfacerme un mundo tan inestable?, ¿cómo podrían evitarse las guerras?, ¿cómo podría ejercerse un humanismo? La Cuarta Instancia, que nos gobierna a todos, es indispensable, una exigencia de la Razón. Cuando leí cómo vivían nuestros ancestros no lo podía creer e imaginé sus penurias. Pero eso no es todo: también supe que en aquellos salvajes tiempos las personas soportaban la noche y el día en ciclos ineludibles de veinticuatro horas. ¡Qué molestia vivir varias horas de noche para quienes la detestan! ¡Qué sacrificio estar en el día cuando lo odias! Hoy sí se puede vivir como Dios manda (esta es una expresión antigua): habitas una ciudadela nocturna o una diurna, a tu elección (yo vivo en el día, pero acostumbro pasar mis vacaciones en una ciudadela nocturna, para dormir la mayor parte del tiempo o ver las estrellas), con la ventaja de tener un panorama impresionante y el Sol no se oculta o la noche resulta interminable, según el caso. Por eso es cierto el dicho de que no todo tiempo pasado fue mejor. Yo agregaría: No hay visión más triste que asomarse al pasado. *

Thursday, January 10, 2008

LAS NUBES



(Nubes sobre la ciudad de Aguascalientes, México, el sábado 24 de enero de 2009, a las 17:00 horas)
Las nubes pastan.
Se beben la pastura
y comen agua.

*

Wednesday, January 09, 2008

LA TARDE


Desde la mesa de jardín y exactos
mis ojos vueltos remos que son anclas
te miran navegar sobre la hamaca
de la isla que flota en el espacio.

El sol muere en tu pelo y ya lo abrasa.
Se tiñen de amarillos los morados.
Un rojo diagonal es ocre anárquico.
Las binchas que te ciñen son doradas.

Toda la tarde anida en tu cabello
y el pelo en el eclipse es otra tarde
que impera donde estalla aquel incendio.

Desde la mesa de jardín tú ardes.
Mis ojos que son anclas van al fuego:
el alba coronada de este instante.

*

Tuesday, January 08, 2008

NADA

Seamos valientes,
dejemos la pusilanimidad para otra vez
en que merezcamos el lujo de ser débiles.
Ha llegado la hora del valor
y de hacer de la fuerza un sacramento.
Digamos las cosas por su nombre
y veamos de frente, sin ambages,
a los ojos de los ojos,
qué somos la una para el otro,
qué somos los dos, qué somos,
¿dos partes de la nada?
¿Un entero sin todo?
¿Un todo en dos pedazos?
¿La nada en un entero?
Qué somos. Qué somos.
Hagamos del valor una muralla
y disparemos las letras sin que nos falle el pulso.
Antes también éramos nada
y antes de antes sólo éramos todo.
Que no nos espante lo que somos
ni nos haga temblar lo que un día fuimos.

*

Monday, January 07, 2008

AMANECER

(El Sol despunta entre los árboles veloces, al lado de La Mesa Redonda, en el Estado de Jalisco. Imagen tomada el 22 de noviembre de 2008. El Sol es tan intenso que aun en su fotografía ciega los ojos)

Hay un eterno amanecer redondo,
hay un durable despertar del mundo,
una aurora rotunda nos circula,
un alba permanente se traslada.

Hay un eterno amanecer girando
a cada instante en un erial lacustre
o en una isla nerviosa en las antípodas
o en las duras ciudades de los hombres.

Hay un eterno amanecer barriendo
las hojas de la noche perseguida,
la noche que no cruje ni declina.

Hay un eterno amanecer desde el inicio
y así será hasta el último minuto.
Amanecer es un hecho constante y absoluto.


*

Tuesday, January 01, 2008

CARTA DE ATACAMA

Vida: Si algún día, después del ajetreo con que sacudes es cosa inevitable que fallezca y ese lugar o forma o transición no es lo que hasta ahora me tienes prometido, vendré desde mi noche a jalarte los pies y a reclamarte que no me hiciste eterno saltando las piedras para cruzar el río que son las conciencias de todos los humanos, una tras una, una después de otra, otra antes de aquélla y así al infinito que es un inicio que concluye que no avanza que es un círculo sinfín. Te jalaré las orejas y no tendrás perdón. A gritos te acusaré de ser culpable de una broma pésima, extralógica, incomprensible, hasta que no tengas más remedio que corregir en una contraorden de elemental justicia para darnos eternidad a manos llenas, aquí, donde la necesitamos y queremos, en la Tierra, no ese remedo celestial de inciertos y absurdos contenidos que venden los mercaderes de los templos y los merolicos de las adivinanzas, sino la única deseable tras la muerte según las rectas intuiciones de la filosofía y las leyes químicas y biológicas, aquí en la Tierra, de carne y hueso y con espíritu tal como la anhelaba el pusilánime Unamuno, la vida que pulsamos enfrente de nosotros como una realidad incontrastable: nuestros hermanos que son más que mis hermanos, los hermanos que son mi alter ego y un mí dentro de todos esperando un turno de morir para tener mi nuevo yo y yo a partir de ellos, siempre ellos, siempre en ellos y ellos en mí. Si algún día, después del ajetreo con que sacudes es cosa inevitable que fallezca, me dará un gusto formidable: descansaré de mi cansancio acumulado y agitaré por fin mi aburrimiento, volveré a nacer, a ser un niño, un negro de Nigeria, un vendedor del Harlem, una mujer de Camboya, una vagabunda, el homicida, la madre Teresa, un soldado de Gengis Khan, un homosexual de San Francisco, un noble del siglo XVI, una matrona o una prostituta del Bronx y un esclavo en Pompeya, un tuberculoso en una triste buhardilla de París escribiendo poemas, una traductora de sánscrito, un fusilado, una bruja y un relajado de la Inquisición, un torturador, un narcotraficante, un premio Nobel, una soprano, un marqués o un condestable o un siervo de la gleba o un gladiador medieval qu su nombre sabré, todos al mismo tiempo y sucesivamente, miles de millones de vidas n secuencia y en una simultaneidad vertiginosa o lenta. Esto seré: lo que me gusta y lo que no me gusta de los otros. Esto soy ya: lo que a los demás les gusta o les disgusta, el bien y el mal entrelazados, el bien con su infaltable dotación de mal y el mal con su fiel argamasa de bondad, nadie perfecto, la vida sin un ángel ni un demonio: cada ser llevando en sí arcilla de ángel y yeso de demonios porque somos ángeles y demonios yuxtapuestos en proporciones variables y asimétricas y lo seguiremos siendo mientras exista el Tiempo. La vida es aprehensible porque hace sentir placer y dolor alternativa o simultáneamente. No hay vida en un placer eterno. No hay vida en un dolor permanente. Existo, luego la vida existe y la existencia es esta dualidad que palpo inseparable de dolor y placer, de placer y dolor que se entremezclan y por momentos brinca uno al cuello del otro. Si algún día, después del ajetreo con que sacudes es cosa inevitable que fallezca, lo tomaré con filosofía, como algo justo, sabio y entendible. Comprenderé que hay una verdad en el cogito, pero que Descartes ha sido superado por Sartre y los existencialistas porque captaron el yo a través de los otros. Entenderé también que el transvitalismo renueva la alegría: no nada más existe el yo y existe el otro sino que son la misma cosa. La muerte no sabe de misterios, es explicable como todo fenómeno, una transformación sin pausa ni final y está en la vida que nos circunnavega. La muerte es tan clara y explicable como un mediodía de verano austral en Atacama. No te digo adiós sino hasta siempre. Te quiero y sé que tú también me amas en esta complicidad inseparable. *